miércoles, 16 de diciembre de 2009

Larga plática con Carmen Beatriz López Portillo

El siguiente texto es una nota del periódico Milenio del 14 de diciembre de 2009. Es una extensa plática sobre asuntos varios que incluyen anécdotas del Claustro. Me parece de interés.

“Defendemos el derecho al conocimiento”

Carmen Beatriz López Portillo, rectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana
Carmen Beatriz relata que durante el gobierno de Luis Echeverría el Claustro estaba en total abandono y en condiciones tan lamentables que parecía como si lo hubieran bombardeado.

Foto: Nelly Salas

A Carmen Beatriz López Portillo, rectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana, sus padres le inculcaron el amor a México, a su historia, a los libros… “De mi mamá aprendí la capacidad de asombro respecto de lo que es el mundo; una capacidad de indignarme ante las cosas feas, malas, que pasan en el mundo, y algo en lo que ella me insistía muchísimo era a ser coherente”, dice la abogada por la UAM.

Y así, con esa coherencia personal que la caracteriza, Carmen Beatriz lucha tenazmente para que día a día la institución que encabeza transmita en sus estudiantes el espíritu, el deseo de libertad y el anhelo de conocimiento de la poetisa de América, Sor Juana Inés de la Cruz.

CASA BOMBARDEADA

De ser el convento colonial de San Jerónimo en donde Juana de Asbaje viviera enclaustrada hasta su muerte en 1695, el viejo edificio del Centro Histórico de la Ciudad de México alberga desde hace 30 años a la Universidad del Claustro de Sor Juana, una de las 20 instituciones de educación superior que integra el padrón de excelencia de la SEP.

Carmen Beatriz relata que durante el gobierno de Luis Echeverría el Claustro estaba en total abandono y en condiciones tan lamentables que parecía como si lo hubieran bombardeado.

Muchos años antes, cuenta la rectora, el edificio había pertenecido a la mecenas de arte Antonieta Rivas Mercado, quien instaló, con el fin de mantener el lugar, el salón de baile Smyrna Dancing Club, al cual eran asiduos los literatos Salvador Novo y Xavier Villaurrutia, y que finalmente fue clausurado tras un “escándalo”.

“Durante los siguientes años la destrucción fue brutal y finalmente se decidió que el convento se rescatara”, explica. “Un grupo de sorjuanistas, entre ellos Francisco de la Maza, al ver cómo se estaba deteriorando el edificio, solicitaron el apoyo del entonces presidente Luis Echeverría para que se evitara la demolición total del Claustro”.

Carmen Beatriz narra que entre los sorjuanistas que fueron a ver a Echeverría se encontraba su tía Margarita López Portillo. El grupo —prosigue la rectora— convenció al entonces mandatario de rescatar el Claustro utilizando una fórmula “casi mágica”.

“Lo que le dijeron es que el apellido Echeverría quiere decir ‘el que dota de casa’, y en virtud de que había una coincidencia por el origen vasco de Sor Juana y Echeverría, pues (le preguntaron al Presidente) ¿por qué no dotaba de nuevo de casa a Sor Juana? La fórmula le gustó al licenciado”.

Fue así que Luis Echeverría expidió el decreto expropiatorio de toda la manzana y a partir de entonces empezaron los trabajos de restauración, que continuaron durante el sexenio de José López Portillo, padre de Carmen Beatriz.

En 1979, recuerda la rectora, se fundó la Asociación Civil Claustro de Sor Juana con la intención de hacer del lugar un espacio de cultura y educación.

DE SALÓN DE BAILE A UNIVERSIDAD

A partir de ese año se creó un Centro Universitario con la licenciatura en Ciencias Humanas; después se instauró la carrera de Comunicación, relata López Portillo.

Comenta con orgullo: “En 1991 la asamblea me invitó a formar parte del Claustro; acepté y aquí estoy. Llevo 18 años y es un privilegio enorme”.

Formada en el Colegio Alemán hasta la preparatoria y con una maestría en Historia por la Sorbona de París, Carmen Beatriz explica que la Universidad del Claustro de Sor Juana se sostiene en varias columnas: la docencia, la investigación, la difusión y promoción del arte y la cultura y los programas comunitarios.

Detalla que la columna de la docencia está fundada en la vocación por las humanidades, y es así que la institución tiene licenciaturas y maestrías en Arte, Estudio de la cultura, Filosofía, Comunicación audiovisual, Psicología, Letras iberoamericanas, Gastronomía, Cultura virreinal y Psicoanálisis.

“El próximo enero abriremos una maestría en Planeación y gestión de negocios de alimentos y bebidas, única en su género”, destaca la rectora de la universidad.

Respecto de la columna de la investigación, resalta que el Claustro tiene un proyecto sobre la vida y obra de Sor Juana Inés de la Cruz. Otra de las líneas de investigación es “universidad y sociedad”.

Abunda sobre ese tema de investigación: “Si pensamos en un país como el nuestro, en donde pocos podemos tener acceso a la educación, los niveles son aterradores; si pensamos por ejemplo en los chicos en edad de entrar a la universidad, uno de cada cinco entra, cuatro se quedan fuera; cuando pensamos que hay cuatro jóvenes que se quedan sin oportunidad de estudiar cada año, cuando sabemos que hay poco trabajo, cuando sabemos que la crisis nos está pegando, que hay pocas oportunidades para los jóvenes formados y no, el escenario es muy preocupante”.

GESTIÓN DE PAZ

La maestra López Portillo Romano dice que de la línea de investigación “universidad y sociedad” surgió un trabajo “muy interesante” sobre derechos humanos. Comenta que el Claustro de Sor Juana durante mucho tiempo se fue involucrando en la realidad de los derechos humanos en México y de ahí surgió la propuesta para una nueva licenciatura en Derechos Humanos y Gestión de Paz.

La carrera se planeó con la Universidad de Florencia, la primera institución de educación superior en el mundo que propuso el programa de gestión de paz de acuerdo con los planteamientos de la UNESCO.

“Es una nueva licenciatura que se inauguró en agosto (…); estamos abriendo un espacio de formación para aquellas personas que quieran cumplir su vocación de cara a la defensa de los derechos humanos, brindando además la posibilidad de que los conflictos se resuelvan de manera pacífica”.

Y en este punto, Carmen Beatriz expresa su postura sobre la violencia del narcotráfico que azota a nuestro país: “No puede ser que vivamos en un país en donde las cosas las estemos resolviendo con violencia. Yo sé que la situación es tremenda, pero no pueden ser la solución el Ejército y la policía en las calles. La solución tiene que ser más educación; tenemos que formar de verdad a nuestros jóvenes”.

MÁS PRESUPUESTO A LA EDUCACIÓN

La rectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana lamenta que sólo el 2 por ciento de la población llegue a la universidad. “Me parece que es importante insistir en la necesidad absoluta de que se promueva y que se dé presupuesto suficiente para la educación pública, a la investigación. A niveles de inversión en investigación estamos como en países de África, entonces no puede ser que nuestro país, con su riqueza cultural, su historia, no puede ser que no estemos invirtiendo en educación, porque es invertir en la posibilidad de crecimiento, en posibilidades de convivencia, en la generación de ciudadanía, en la formación de ciudadanos dispuestos a participar comprometidamente con el país”.

Asimismo, la maestra López Portillo destaca que la universidad ha creado otros programas, como la recuperación de la educación del arte (música, literatura, teatro, pintura y dibujo) para una mejor formación de la niñez y la juventud.

“Hay experiencias maravillosas que se han dado en países como Brasil, por ejemplo, en donde se han podido resolver problemas entre bandas de chavos a través de concursos de música; de manera que se resuelven los duelos pero a través de la palabra, la música, la poesía”.

La rectora cuenta que la profesora Lucinda Jiménez trabajó en el Centro Histórico con dos escuelas primarias con distinto nivel de eficiencia y demostró que aquellos alumnos a los que se les enseñó danza tuvieron mejor desempeño académico: “No solamente aprendieron a bailar, aprendieron a tener más seguridad en sí mismos, a trabajar en equipo y a reconocer su cuerpo como un espacio de respeto y de dignidad”.

Entre otros programas que se han creado a partir de la investigación en la universidad, Carmen Beatriz menciona los de animación a la lectura y el de escritura creativa.

Foto: Nelly Salas

CULTURA Y TRABAJO COMUNITARIO

A lo largo del año, el Claustro de Sor Juana realiza más de 150 actividades artísticas gratuitas para la gente del Centro Histórico y los habitantes de la Ciudad de México. Tales actividades van desde la ingeniosa pasarela gastronómica hasta la promoción de tradiciones como el altar de muertos que cada noviembre se monta en honor a Sor Juana.

“A través de la promoción del arte y la cultura generamos dos cosas: al interior, para que nuestros jóvenes aprendan que la formación universitaria no es solamente aprender una profesión, sino la comprensión de la totalidad de la realidad que están viviendo”, argumenta López Portillo.

Y para el exterior de la universidad, la rectora señala que la cultura contribuye a la creación de ciudadanía, toda vez que propicia la tolerancia, el diálogo, el respeto a la otredad y a las diferencias. “Esto puede generar mejores ciudadanos; eso también es cultura”, advierte.

En cuanto a los programas comunitarios, Carmen Beatriz plantea que los universitarios no pueden desentenderse de la “realidad dolorosa” que vive el país: “Estamos viviendo en una sociedad en donde los contrastes entre riqueza y pobreza son brutales; las declaraciones del presidente Felipe Calderón de que hay seis millones de mexicanos más en situación de pobreza alimentaria, es decir, que ni siquiera tienen dinero para alimentarse bien. ¡Por el amor de Dios! Seis millones de personas en tres años…”.

En ese sentido, insiste, a los universitarios les corresponde contribuir con una porción mínima, tal vez, “pero es importante que participemos, por ejemplo, en campañas de alfabetización. Sigue habiendo millones de mexicanos que no saben leer ni escribir”.

Es por eso, destaca López Portillo, que el Claustro es la primera universidad particular en firmar un convenio con el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), “con el fin de que el servicio social realmente sea social, y asumamos que tenemos que darle al otro mucho de lo que nosotros recibimos como privilegio; que enseñemos a los otros a leer y a escribir, que los enseñemos a bien comer, que pueden nutrirse suficientemente bien aunque sus recursos sean pobres”, subraya.

Otros programas comunitarios de la universidad se llevan a cabo con niños en situación de calle, con mujeres y niñas que padecen violencia y que están asiladas en la Casa de las Mercedes, y con los ancianos del asilo Concepción Béistegui.

DEFENSA DE LA LIBERTAD

Y es que Carmen Beatriz subraya que los universitarios del Claustro de Sor Juana no pueden ser indiferentes ni desentenderse de la difícil realidad por la que atraviesa el país. Considera que ese compromiso social es herencia del pensamiento de la poetisa: “Lo que inspira a la universidad es este ejemplo que Sor Juana nos dejó de defensa de la libertad. La defensa del derecho al conocimiento para las mujeres y para todos, la defensa del derecho al respeto a los demás”.

La maestra López Portillo invita a releer a Sor Juana Inés de la Cruz: “No (hay que) reducirla, como han hecho los billetes de 200 pesos, al verso ‘hombres necios que acusáis a la mujer sin razón’. ¡Perdón!, Sor Juana ya es mucho más que eso. Es una mujer que defendió la libertad, el saber, que defendió la posibilidad de crecer del ser humano y de relacionarse con el respeto irrestricto del otro, sin imposiciones, sin intolerancias (como las) que ella sufrió”.

Carmen Beatriz ha dedicado su vida al Claustro de Sor Juana, primero como directora general y a partir de 1998 como rectora tras el retiro de Juan Manuel Silva, primer rector de la institución.

Se enorgullece de mantener la capacidad de indignación ante la injusticia, la pobreza y la mentira: “Me indigna que estemos viviendo en un país en donde las palabras sean tan distintas de los hechos, en donde el discurso público se ha apoderado de las palabras para hacernos creer una realidad inexistente; me indigna el dolor, me indigna la realidad, me indigna la corrupción”.

Relata un episodio que puso a prueba su compromiso con el Claustro de Sor de Juana y la defensa de sus principios: “Hace un par de años vinieron unos empresarios extranjeros que querían comprar la universidad. La tentación era grande, era mucha lana; mi respuesta inmediata fue ¡no! Y hubo alguien que me dijo ‘pues siquiera analízalo’”.

La rectora explica que se negó de manera tajante a vender la universidad al considerar que es una institución mexicana que inculca valores de amor a este país: “En ese momento me quedó más que claro que vivimos en una sociedad en donde pareciera que todo es negociable, que todo es comprable. Cuando dije que no, subían la oferta. Les decía ‘no es una cuestión de precio, es una cuestión de principios’. El reto es que el canto de las sirenas no sea nunca atractivo para el Claustro”.

ABEJAS Y GATOS

La Universidad del Claustro de Sor Juana tiene alrededor de mil 400 alumnos inscritos en licenciaturas y maestrías y otros 3 mil 500 que cursan al año programas de educación continua, cursos, diplomados y seminarios. Los alumnos tienen la oportunidad de ser apoyados con una beca con el fin de que no abandonen sus estudios ante la severa crisis económica.

La plantilla académica está conformada por 200 profesores de asignatura y 40 catedráticos que imparten cursos y realizan la investigación en la
universidad.

Visitado en su momento por los premios Nobel Octavio Paz y Rigoberta Menchú, el ex rector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente, y los escritores Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska, el Claustro también tiene otro tipo de visitantes, algunos esporádicos, otros permanentes: sus abejas y sus gatos.

Carmen Beatriz cuenta que en un día problemático para la universidad, un enjambre de abejas apareció en un patio al lado de lo que era su antigua oficina. Los insectos provocaron temor entre el personal administrativo, por lo que solicitaron a la rectora que llamara a los bomberos. Ella ordenó que no se les matara y fue entonces que don Alfredo, el viejo carpintero de la escuela, le dijo: “Doña Carmen, no saque a las abejas porque son las almas de sus muertos que vienen a protegerla”. Los insectos hicieron un panal, y el día que se resolvió el problema, que en ese entonces tenía el Claustro, “se fueron como vinieron”, rememora
López Portillo.

“En tres ocasiones que ha habido problemas de riesgo digamos fuerte para la universidad, las tres ocasiones se han presentado las abejas; nunca las hemos movido, y así como llegan así se han ido, y siempre pienso en don Alfredo”.

Además de las abejas, celebra la rectora, el Claustro tiene una población fluctuante y “privilegiada” de 78 gatos que vienen y van por toda la escuela, se meten a los salones, juegan con los alumnos y ayudan a combatir las ratas. Incluso, destaca, la universidad tiene un reconocimiento internacional por el buen trato y cuidado a los animales.

Feliz de estar al frente de esta institución que fuera la casa de la poetisa de América, Carmen Beatriz resume lo que para ella representa la universidad: “Es un privilegio estar aquí, es un privilegio trabajar en lo que a uno le gusta, saber que tu vida tiene sentido,
es un regalo”.

Historia del Claustro

EL CONVENTO DE SANTA PAULA de la orden de San Jerónimo se establece en siglo XVI, cuando Isabel de Guevara adquiere dos amplias casas, la de Alonso Ortiz, situada en el noroeste del actual gran claustro, y la de Isabel de Barrios, en el extremo noroeste del patio de la fundación, ambas propiedades fueron unidas y ampliadas. En ese recinto se fundó el primer convento mexicano de monjas jerónimas, cuando el 29 de septiembre de 1585 se enclaustraron cuatro monjas del Convento de la Concepción.

Con el tiempo el conjunto se amplió hasta ocupar la extensión actual.

San Jerónimo, fundado en 1585 por monjas concepcionistas, es uno de los mas amplios de la nueva España. Ahí vivió Sor Juana 27 años; hasta su muerte, su celda daba a la esquina que formaban las calles de Monserrat y Verde (Isabel la Católica e Izazaga).

Su afán de conocimiento, su ansia de sabiduría, su vista como grave pecado, como terrible vanidad, como rebelde eran dignas de castigo.

Todos acusan a Sor Juana por el crimen de pensar y escribir, por haber dedicado su desdichada y solitaria existencia al estudio de las letras, las artes y las ciencias.

No le perdonan su genio, su talento, ni que sepa más que todos los dignatarios y obispos juntos, a quienes borró de la historia.

A partir de 1979 el antiguo Convento de San Jerónimo se transformó en una prestigiada universidad, uno de los principales espacios del Centro Histórico de la capital del país. La UCSJ ofrece espectáculos de calidad, arte, cultura, rescate histórico, actividades alternativas y diversas carreras profesionales que han transformado la existencia de miles de jóvenes que en los muros tutelares del recinto de Sor Juana han adquirido las armas del conocimiento que mucho apreció la singular
monja jerónima.

La UCSJ está por segundo año consecutivo en el padrón de excelencia

EN MÉXICO FUNCIONAN más de mil 500 universidades particulares de las cuales apenas 20 formamos parte del padrón de excelencia de la Secretaría de Educación Pública.
El 0.1 por ciento.

La UCSJ cumple con todas los las metas y requisitos que establece la Secretaría de Educación Pública para que la educación impartida sea de excelencia. La educación pública es la posibilidad que millones de familias tienen para mejorar su vida, se tiene que insistir en esto y sumarse al trabajo que están haciendo académicos, investigadores, rectores de universidades públicas y privadas, secretarios de educación de los estados de la República.

Se tiene que levantar la voz y decir: ¡caray, si no invertimos en educación nuestro país no tiene futuro!

Cuando invitaron a Carmen Beatriz a formar parte de la Universidad, estuvo abocada los primeros años a la dirección general que tenía relación con la parte administrativa y de organización de la
universidad.

En 1998 se retiró el doctor Juan Manuel Silva, primer rector de la UCSJ. Ella tenía varios años trabajando en la universidad y pensó que era un buen momento para tomar las riendas de la rectoría y fortalecer la parte académica con estos cuatro pilares.

Presentó un programa de trabajo a la asamblea de asociados, les gustó y le dieron su apoyo, de manera que tiene diez años como rectora.

La asamblea está integrada por diez asociados, este año desgraciadamente murió una de las asociadas, la maestra Griselda Álvarez Ponce León, una mujer que apoyó muchísimo a la universidad, que con su ejemplo nos inspiró muchas de las acciones, y muchos de los programas de apoyo a las mujeres fueron inspirados en su ejemplo, en sus ideas, gracias a su iniciativa.

Han estado aquí personas como Fernando del Paso, Arturo Pompa y Pompa, Arturo Romano Pacheco, Rafael Tovar y de Teresa y José Pascual Bouchot.

También Dolores Bravo ha formado parte de la asamblea de la universidad.

Aquí colabora un grupo de académicos e intelectuales que han enriquecido con su apoyo, con su trabajo y su ejemplo, con sus muy buenos consejos.

Cristina Renaud, Carmen Lugo y Rafael Maya

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