
Algo pasa en Ciudad Juárez.
La verdad es que pasa todo. Así como antes los Estados hegemónicos tomaban a algunos países como conejillos de indias para probar desde una fórmula económica hasta una fórmula biológica, hoy la mafia y la delincuencia han hecho de Ciudad Juárez el centro de prueba --ensayo y error-- de sus operaciones.
Ninguna autoridad puede declararse ignorante de la situación y por lo tanto es cómplice del actuar del crimen organizado. No se puede eximir a ningún policía municipal, a ningún regidor, a ningún presidente municipal ni a ningún gobernador de lo que pasa en esta ciudad golpeada indiscriminadamente por la violencia ante la tolerante indiferencia del "centro", ese lugar donde tampoco pasa nada.
Tengo un amigo en Ciudad Juárez que estudió conmigo el seminario de titulación de la universidad y que lleva años dando clases de comunicación en la universidad de Chihuahua. Hace cuatro años, cuando estábamos en pleno seminario, la pasión por las humanidades se desbordaba y reflexionábamos sobre el ser y el hacer del hombre, su cultura, su espíritu creador y las puertas abiertas de la imaginación artística y literaria, además del modelo social, político e histórico que hacen del mexicano de hoy lo que es. Y en las largas noches de reflexión a través del Messenger se notaba su entusiasmo por "difundir la palabra", por esforzarse en favor de que más personas (sus alumnos) disfrutaran de este placer que es el conocimiento (no por saber más, sino por ingorar menos, como decía sor Juana). Él quería terminar pronto para iniciar su maestría y avanzar más en su carrera personal y profesional.
Lo hizo. Terminó y meses después con gran alegría me llegaba el correo de que se había graduado de la Maestría con honores. Acababa de ser abuelo y aún tenía la vida por delante.
Hoy, sólo cuatro años después, he recibido de él el más desolador de los correos donde expresa la realidad de Ciudad Juárez: una ciudad (que bien puede ser aplicado al estado o al país) enferma de cáncer terminal, sin empresas y cada vez con menos empresarios, víctimas de la extorsión, del secuestro, del homicidio a sangre fría, del miedo a salir por ser alcanzado por una bala perdida, de la desmoralizante experiencia de extender "la bendición a nuestros nietos cuando transitan por estas calles en donde los inocentes - QUE NO TIENEN NADA QUE VER CON LA DELICUENCIA- se atraviesan en el cañon de un sicario"; pero sobre todo, de una ciudad que se desangra ante la indiferencia nacional, ante el mejor ejemplo de un estado fallido que nadie reconoce y a quien todo mundo tiene miedo de nombrar.
Si bien existía el afán universitario de discutir las ideas y fundamentar los planteamientos, hoy "los colegas trabajan con el temor a cuestas". Y sus colegas no son militares, ni agentes estatales, sino profesores universitarios, comunicadores de la ciudad, cuya labor se ve frustrada no por la negación a la publicación de sus ideas ni a la reprimenda gubernamental a "llevar la contraria", sino por la amenaza a la vida en momentos en donde no tienes opción de escoger entre "el dinero o la vida", porque no te matan por dinero o por pensar lo que expresas, sino porque en Ciudad Juárez más que en ningún lugar del mundo, "la vida no vale nada".
Ha habido una masacre de gente inocente (poco importa si eran inocentes o no), donde los servicios de seguridad tardaron 40 minutos en llegar, donde los culpables se seleccionan en conjunto con las autoridades y los sicarios y donde la única ley es la del más fuerte.
Y entró en acción la Secretaría de Gobernación de un presidente "vidente" que declara indiferencia hacia un crimen que se juzga "entre los malosos" y que ha dejado por años que la desconposición sea casi irreversible. Y se presenta el secretario y regaña y manda. No sabe lo que pasa. No lo quiere saber. La nota estará en primera línea sólo mientras una nueva noticia (puede ser otra masacre) acapare los proyectores de la prensa nacional. Tal vez le disparen a un futbolista famoso o una artista sea hospitalizada por sus nalgas podridas. Eso podrá más que todos los muertos de Ciudad Juárez; que todos los deudos, que todos los huerfanos, que todos los hombres y mujeres sin futuro que viven en ese infierno.
¿Qué va a pasar con Ciudad Juárez?
¿Qué vamos a hacer los ciudadanos por Ciudad Juárez?
¿Quién puede hacer algo por Ciudad Juárez?
Sin un sistema sano que fomente el respeto a la ley y deje de vivir a la sombra del chantaje y el soborno no podremos hacer nada. No habrá sistema de educación que sirva, ni sistema de oportunidades culturales y recreativas porque hoy, en Ciudad Juárez, "el temor campea en esta ciudad en donde los maleantes -con y sin uniforme- se han adueñado de nuestras vidas".