martes, 9 de febrero de 2010

Todo pasa en Ciudad Juárez


Algo pasa en Ciudad Juárez.
La verdad es que pasa todo. Así como antes los Estados hegemónicos tomaban a algunos países como conejillos de indias para probar desde una fórmula económica hasta una fórmula biológica, hoy la mafia y la delincuencia han hecho de Ciudad Juárez el centro de prueba --ensayo y error-- de sus operaciones.
Ninguna autoridad puede declararse ignorante de la situación y por lo tanto es cómplice del actuar del crimen organizado. No se puede eximir a ningún policía municipal, a ningún regidor, a ningún presidente municipal ni a ningún gobernador de lo que pasa en esta ciudad golpeada indiscriminadamente por la violencia ante la tolerante indiferencia del "centro", ese lugar donde tampoco pasa nada.
Tengo un amigo en Ciudad Juárez que estudió conmigo el seminario de titulación de la universidad y que lleva años dando clases de comunicación en la universidad de Chihuahua. Hace cuatro años, cuando estábamos en pleno seminario, la pasión por las humanidades se desbordaba y reflexionábamos sobre el ser y el hacer del hombre, su cultura, su espíritu creador y las puertas abiertas de la imaginación artística y literaria, además del modelo social, político e histórico que hacen del mexicano de hoy lo que es. Y en las largas noches de reflexión a través del Messenger se notaba su entusiasmo por "difundir la palabra", por esforzarse en favor de que más personas (sus alumnos) disfrutaran de este placer que es el conocimiento (no por saber más, sino por ingorar menos, como decía sor Juana). Él quería terminar pronto para iniciar su maestría y avanzar más en su carrera personal y profesional.
Lo hizo. Terminó y meses después con gran alegría me llegaba el correo de que se había graduado de la Maestría con honores. Acababa de ser abuelo y aún tenía la vida por delante.
Hoy, sólo cuatro años después, he recibido de él el más desolador de los correos donde expresa la realidad de Ciudad Juárez: una ciudad (que bien puede ser aplicado al estado o al país) enferma de cáncer terminal, sin empresas y cada vez con menos empresarios, víctimas de la extorsión, del secuestro, del homicidio a sangre fría, del miedo a salir por ser alcanzado por una bala perdida, de la desmoralizante experiencia de extender "la bendición a nuestros nietos cuando transitan por estas calles en donde los inocentes - QUE NO TIENEN NADA QUE VER CON LA DELICUENCIA- se atraviesan en el cañon de un sicario"; pero sobre todo, de una ciudad que se desangra ante la indiferencia nacional, ante el mejor ejemplo de un estado fallido que nadie reconoce y a quien todo mundo tiene miedo de nombrar.
Si bien existía el afán universitario de discutir las ideas y fundamentar los planteamientos, hoy "los colegas trabajan con el temor a cuestas". Y sus colegas no son militares, ni agentes estatales, sino profesores universitarios, comunicadores de la ciudad, cuya labor se ve frustrada no por la negación a la publicación de sus ideas ni a la reprimenda gubernamental a "llevar la contraria", sino por la amenaza a la vida en momentos en donde no tienes opción de escoger entre "el dinero o la vida", porque no te matan por dinero o por pensar lo que expresas, sino porque en Ciudad Juárez más que en ningún lugar del mundo, "la vida no vale nada".
Ha habido una masacre de gente inocente (poco importa si eran inocentes o no), donde los servicios de seguridad tardaron 40 minutos en llegar, donde los culpables se seleccionan en conjunto con las autoridades y los sicarios y donde la única ley es la del más fuerte.
Y entró en acción la Secretaría de Gobernación de un presidente "vidente" que declara indiferencia hacia un crimen que se juzga "entre los malosos" y que ha dejado por años que la desconposición sea casi irreversible. Y se presenta el secretario y regaña y manda. No sabe lo que pasa. No lo quiere saber. La nota estará en primera línea sólo mientras una nueva noticia (puede ser otra masacre) acapare los proyectores de la prensa nacional. Tal vez le disparen a un futbolista famoso o una artista sea hospitalizada por sus nalgas podridas. Eso podrá más que todos los muertos de Ciudad Juárez; que todos los deudos, que todos los huerfanos, que todos los hombres y mujeres sin futuro que viven en ese infierno.
¿Qué va a pasar con Ciudad Juárez?
¿Qué vamos a hacer los ciudadanos por Ciudad Juárez?
¿Quién puede hacer algo por Ciudad Juárez?
Sin un sistema sano que fomente el respeto a la ley y deje de vivir a la sombra del chantaje y el soborno no podremos hacer nada. No habrá sistema de educación que sirva, ni sistema de oportunidades culturales y recreativas porque hoy, en Ciudad Juárez, "el temor campea en esta ciudad en donde los maleantes -con y sin uniforme- se han adueñado de nuestras vidas".

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Larga plática con Carmen Beatriz López Portillo

El siguiente texto es una nota del periódico Milenio del 14 de diciembre de 2009. Es una extensa plática sobre asuntos varios que incluyen anécdotas del Claustro. Me parece de interés.

“Defendemos el derecho al conocimiento”

Carmen Beatriz López Portillo, rectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana
Carmen Beatriz relata que durante el gobierno de Luis Echeverría el Claustro estaba en total abandono y en condiciones tan lamentables que parecía como si lo hubieran bombardeado.

Foto: Nelly Salas

A Carmen Beatriz López Portillo, rectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana, sus padres le inculcaron el amor a México, a su historia, a los libros… “De mi mamá aprendí la capacidad de asombro respecto de lo que es el mundo; una capacidad de indignarme ante las cosas feas, malas, que pasan en el mundo, y algo en lo que ella me insistía muchísimo era a ser coherente”, dice la abogada por la UAM.

Y así, con esa coherencia personal que la caracteriza, Carmen Beatriz lucha tenazmente para que día a día la institución que encabeza transmita en sus estudiantes el espíritu, el deseo de libertad y el anhelo de conocimiento de la poetisa de América, Sor Juana Inés de la Cruz.

CASA BOMBARDEADA

De ser el convento colonial de San Jerónimo en donde Juana de Asbaje viviera enclaustrada hasta su muerte en 1695, el viejo edificio del Centro Histórico de la Ciudad de México alberga desde hace 30 años a la Universidad del Claustro de Sor Juana, una de las 20 instituciones de educación superior que integra el padrón de excelencia de la SEP.

Carmen Beatriz relata que durante el gobierno de Luis Echeverría el Claustro estaba en total abandono y en condiciones tan lamentables que parecía como si lo hubieran bombardeado.

Muchos años antes, cuenta la rectora, el edificio había pertenecido a la mecenas de arte Antonieta Rivas Mercado, quien instaló, con el fin de mantener el lugar, el salón de baile Smyrna Dancing Club, al cual eran asiduos los literatos Salvador Novo y Xavier Villaurrutia, y que finalmente fue clausurado tras un “escándalo”.

“Durante los siguientes años la destrucción fue brutal y finalmente se decidió que el convento se rescatara”, explica. “Un grupo de sorjuanistas, entre ellos Francisco de la Maza, al ver cómo se estaba deteriorando el edificio, solicitaron el apoyo del entonces presidente Luis Echeverría para que se evitara la demolición total del Claustro”.

Carmen Beatriz narra que entre los sorjuanistas que fueron a ver a Echeverría se encontraba su tía Margarita López Portillo. El grupo —prosigue la rectora— convenció al entonces mandatario de rescatar el Claustro utilizando una fórmula “casi mágica”.

“Lo que le dijeron es que el apellido Echeverría quiere decir ‘el que dota de casa’, y en virtud de que había una coincidencia por el origen vasco de Sor Juana y Echeverría, pues (le preguntaron al Presidente) ¿por qué no dotaba de nuevo de casa a Sor Juana? La fórmula le gustó al licenciado”.

Fue así que Luis Echeverría expidió el decreto expropiatorio de toda la manzana y a partir de entonces empezaron los trabajos de restauración, que continuaron durante el sexenio de José López Portillo, padre de Carmen Beatriz.

En 1979, recuerda la rectora, se fundó la Asociación Civil Claustro de Sor Juana con la intención de hacer del lugar un espacio de cultura y educación.

DE SALÓN DE BAILE A UNIVERSIDAD

A partir de ese año se creó un Centro Universitario con la licenciatura en Ciencias Humanas; después se instauró la carrera de Comunicación, relata López Portillo.

Comenta con orgullo: “En 1991 la asamblea me invitó a formar parte del Claustro; acepté y aquí estoy. Llevo 18 años y es un privilegio enorme”.

Formada en el Colegio Alemán hasta la preparatoria y con una maestría en Historia por la Sorbona de París, Carmen Beatriz explica que la Universidad del Claustro de Sor Juana se sostiene en varias columnas: la docencia, la investigación, la difusión y promoción del arte y la cultura y los programas comunitarios.

Detalla que la columna de la docencia está fundada en la vocación por las humanidades, y es así que la institución tiene licenciaturas y maestrías en Arte, Estudio de la cultura, Filosofía, Comunicación audiovisual, Psicología, Letras iberoamericanas, Gastronomía, Cultura virreinal y Psicoanálisis.

“El próximo enero abriremos una maestría en Planeación y gestión de negocios de alimentos y bebidas, única en su género”, destaca la rectora de la universidad.

Respecto de la columna de la investigación, resalta que el Claustro tiene un proyecto sobre la vida y obra de Sor Juana Inés de la Cruz. Otra de las líneas de investigación es “universidad y sociedad”.

Abunda sobre ese tema de investigación: “Si pensamos en un país como el nuestro, en donde pocos podemos tener acceso a la educación, los niveles son aterradores; si pensamos por ejemplo en los chicos en edad de entrar a la universidad, uno de cada cinco entra, cuatro se quedan fuera; cuando pensamos que hay cuatro jóvenes que se quedan sin oportunidad de estudiar cada año, cuando sabemos que hay poco trabajo, cuando sabemos que la crisis nos está pegando, que hay pocas oportunidades para los jóvenes formados y no, el escenario es muy preocupante”.

GESTIÓN DE PAZ

La maestra López Portillo Romano dice que de la línea de investigación “universidad y sociedad” surgió un trabajo “muy interesante” sobre derechos humanos. Comenta que el Claustro de Sor Juana durante mucho tiempo se fue involucrando en la realidad de los derechos humanos en México y de ahí surgió la propuesta para una nueva licenciatura en Derechos Humanos y Gestión de Paz.

La carrera se planeó con la Universidad de Florencia, la primera institución de educación superior en el mundo que propuso el programa de gestión de paz de acuerdo con los planteamientos de la UNESCO.

“Es una nueva licenciatura que se inauguró en agosto (…); estamos abriendo un espacio de formación para aquellas personas que quieran cumplir su vocación de cara a la defensa de los derechos humanos, brindando además la posibilidad de que los conflictos se resuelvan de manera pacífica”.

Y en este punto, Carmen Beatriz expresa su postura sobre la violencia del narcotráfico que azota a nuestro país: “No puede ser que vivamos en un país en donde las cosas las estemos resolviendo con violencia. Yo sé que la situación es tremenda, pero no pueden ser la solución el Ejército y la policía en las calles. La solución tiene que ser más educación; tenemos que formar de verdad a nuestros jóvenes”.

MÁS PRESUPUESTO A LA EDUCACIÓN

La rectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana lamenta que sólo el 2 por ciento de la población llegue a la universidad. “Me parece que es importante insistir en la necesidad absoluta de que se promueva y que se dé presupuesto suficiente para la educación pública, a la investigación. A niveles de inversión en investigación estamos como en países de África, entonces no puede ser que nuestro país, con su riqueza cultural, su historia, no puede ser que no estemos invirtiendo en educación, porque es invertir en la posibilidad de crecimiento, en posibilidades de convivencia, en la generación de ciudadanía, en la formación de ciudadanos dispuestos a participar comprometidamente con el país”.

Asimismo, la maestra López Portillo destaca que la universidad ha creado otros programas, como la recuperación de la educación del arte (música, literatura, teatro, pintura y dibujo) para una mejor formación de la niñez y la juventud.

“Hay experiencias maravillosas que se han dado en países como Brasil, por ejemplo, en donde se han podido resolver problemas entre bandas de chavos a través de concursos de música; de manera que se resuelven los duelos pero a través de la palabra, la música, la poesía”.

La rectora cuenta que la profesora Lucinda Jiménez trabajó en el Centro Histórico con dos escuelas primarias con distinto nivel de eficiencia y demostró que aquellos alumnos a los que se les enseñó danza tuvieron mejor desempeño académico: “No solamente aprendieron a bailar, aprendieron a tener más seguridad en sí mismos, a trabajar en equipo y a reconocer su cuerpo como un espacio de respeto y de dignidad”.

Entre otros programas que se han creado a partir de la investigación en la universidad, Carmen Beatriz menciona los de animación a la lectura y el de escritura creativa.

Foto: Nelly Salas

CULTURA Y TRABAJO COMUNITARIO

A lo largo del año, el Claustro de Sor Juana realiza más de 150 actividades artísticas gratuitas para la gente del Centro Histórico y los habitantes de la Ciudad de México. Tales actividades van desde la ingeniosa pasarela gastronómica hasta la promoción de tradiciones como el altar de muertos que cada noviembre se monta en honor a Sor Juana.

“A través de la promoción del arte y la cultura generamos dos cosas: al interior, para que nuestros jóvenes aprendan que la formación universitaria no es solamente aprender una profesión, sino la comprensión de la totalidad de la realidad que están viviendo”, argumenta López Portillo.

Y para el exterior de la universidad, la rectora señala que la cultura contribuye a la creación de ciudadanía, toda vez que propicia la tolerancia, el diálogo, el respeto a la otredad y a las diferencias. “Esto puede generar mejores ciudadanos; eso también es cultura”, advierte.

En cuanto a los programas comunitarios, Carmen Beatriz plantea que los universitarios no pueden desentenderse de la “realidad dolorosa” que vive el país: “Estamos viviendo en una sociedad en donde los contrastes entre riqueza y pobreza son brutales; las declaraciones del presidente Felipe Calderón de que hay seis millones de mexicanos más en situación de pobreza alimentaria, es decir, que ni siquiera tienen dinero para alimentarse bien. ¡Por el amor de Dios! Seis millones de personas en tres años…”.

En ese sentido, insiste, a los universitarios les corresponde contribuir con una porción mínima, tal vez, “pero es importante que participemos, por ejemplo, en campañas de alfabetización. Sigue habiendo millones de mexicanos que no saben leer ni escribir”.

Es por eso, destaca López Portillo, que el Claustro es la primera universidad particular en firmar un convenio con el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), “con el fin de que el servicio social realmente sea social, y asumamos que tenemos que darle al otro mucho de lo que nosotros recibimos como privilegio; que enseñemos a los otros a leer y a escribir, que los enseñemos a bien comer, que pueden nutrirse suficientemente bien aunque sus recursos sean pobres”, subraya.

Otros programas comunitarios de la universidad se llevan a cabo con niños en situación de calle, con mujeres y niñas que padecen violencia y que están asiladas en la Casa de las Mercedes, y con los ancianos del asilo Concepción Béistegui.

DEFENSA DE LA LIBERTAD

Y es que Carmen Beatriz subraya que los universitarios del Claustro de Sor Juana no pueden ser indiferentes ni desentenderse de la difícil realidad por la que atraviesa el país. Considera que ese compromiso social es herencia del pensamiento de la poetisa: “Lo que inspira a la universidad es este ejemplo que Sor Juana nos dejó de defensa de la libertad. La defensa del derecho al conocimiento para las mujeres y para todos, la defensa del derecho al respeto a los demás”.

La maestra López Portillo invita a releer a Sor Juana Inés de la Cruz: “No (hay que) reducirla, como han hecho los billetes de 200 pesos, al verso ‘hombres necios que acusáis a la mujer sin razón’. ¡Perdón!, Sor Juana ya es mucho más que eso. Es una mujer que defendió la libertad, el saber, que defendió la posibilidad de crecer del ser humano y de relacionarse con el respeto irrestricto del otro, sin imposiciones, sin intolerancias (como las) que ella sufrió”.

Carmen Beatriz ha dedicado su vida al Claustro de Sor Juana, primero como directora general y a partir de 1998 como rectora tras el retiro de Juan Manuel Silva, primer rector de la institución.

Se enorgullece de mantener la capacidad de indignación ante la injusticia, la pobreza y la mentira: “Me indigna que estemos viviendo en un país en donde las palabras sean tan distintas de los hechos, en donde el discurso público se ha apoderado de las palabras para hacernos creer una realidad inexistente; me indigna el dolor, me indigna la realidad, me indigna la corrupción”.

Relata un episodio que puso a prueba su compromiso con el Claustro de Sor de Juana y la defensa de sus principios: “Hace un par de años vinieron unos empresarios extranjeros que querían comprar la universidad. La tentación era grande, era mucha lana; mi respuesta inmediata fue ¡no! Y hubo alguien que me dijo ‘pues siquiera analízalo’”.

La rectora explica que se negó de manera tajante a vender la universidad al considerar que es una institución mexicana que inculca valores de amor a este país: “En ese momento me quedó más que claro que vivimos en una sociedad en donde pareciera que todo es negociable, que todo es comprable. Cuando dije que no, subían la oferta. Les decía ‘no es una cuestión de precio, es una cuestión de principios’. El reto es que el canto de las sirenas no sea nunca atractivo para el Claustro”.

ABEJAS Y GATOS

La Universidad del Claustro de Sor Juana tiene alrededor de mil 400 alumnos inscritos en licenciaturas y maestrías y otros 3 mil 500 que cursan al año programas de educación continua, cursos, diplomados y seminarios. Los alumnos tienen la oportunidad de ser apoyados con una beca con el fin de que no abandonen sus estudios ante la severa crisis económica.

La plantilla académica está conformada por 200 profesores de asignatura y 40 catedráticos que imparten cursos y realizan la investigación en la
universidad.

Visitado en su momento por los premios Nobel Octavio Paz y Rigoberta Menchú, el ex rector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente, y los escritores Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska, el Claustro también tiene otro tipo de visitantes, algunos esporádicos, otros permanentes: sus abejas y sus gatos.

Carmen Beatriz cuenta que en un día problemático para la universidad, un enjambre de abejas apareció en un patio al lado de lo que era su antigua oficina. Los insectos provocaron temor entre el personal administrativo, por lo que solicitaron a la rectora que llamara a los bomberos. Ella ordenó que no se les matara y fue entonces que don Alfredo, el viejo carpintero de la escuela, le dijo: “Doña Carmen, no saque a las abejas porque son las almas de sus muertos que vienen a protegerla”. Los insectos hicieron un panal, y el día que se resolvió el problema, que en ese entonces tenía el Claustro, “se fueron como vinieron”, rememora
López Portillo.

“En tres ocasiones que ha habido problemas de riesgo digamos fuerte para la universidad, las tres ocasiones se han presentado las abejas; nunca las hemos movido, y así como llegan así se han ido, y siempre pienso en don Alfredo”.

Además de las abejas, celebra la rectora, el Claustro tiene una población fluctuante y “privilegiada” de 78 gatos que vienen y van por toda la escuela, se meten a los salones, juegan con los alumnos y ayudan a combatir las ratas. Incluso, destaca, la universidad tiene un reconocimiento internacional por el buen trato y cuidado a los animales.

Feliz de estar al frente de esta institución que fuera la casa de la poetisa de América, Carmen Beatriz resume lo que para ella representa la universidad: “Es un privilegio estar aquí, es un privilegio trabajar en lo que a uno le gusta, saber que tu vida tiene sentido,
es un regalo”.

Historia del Claustro

EL CONVENTO DE SANTA PAULA de la orden de San Jerónimo se establece en siglo XVI, cuando Isabel de Guevara adquiere dos amplias casas, la de Alonso Ortiz, situada en el noroeste del actual gran claustro, y la de Isabel de Barrios, en el extremo noroeste del patio de la fundación, ambas propiedades fueron unidas y ampliadas. En ese recinto se fundó el primer convento mexicano de monjas jerónimas, cuando el 29 de septiembre de 1585 se enclaustraron cuatro monjas del Convento de la Concepción.

Con el tiempo el conjunto se amplió hasta ocupar la extensión actual.

San Jerónimo, fundado en 1585 por monjas concepcionistas, es uno de los mas amplios de la nueva España. Ahí vivió Sor Juana 27 años; hasta su muerte, su celda daba a la esquina que formaban las calles de Monserrat y Verde (Isabel la Católica e Izazaga).

Su afán de conocimiento, su ansia de sabiduría, su vista como grave pecado, como terrible vanidad, como rebelde eran dignas de castigo.

Todos acusan a Sor Juana por el crimen de pensar y escribir, por haber dedicado su desdichada y solitaria existencia al estudio de las letras, las artes y las ciencias.

No le perdonan su genio, su talento, ni que sepa más que todos los dignatarios y obispos juntos, a quienes borró de la historia.

A partir de 1979 el antiguo Convento de San Jerónimo se transformó en una prestigiada universidad, uno de los principales espacios del Centro Histórico de la capital del país. La UCSJ ofrece espectáculos de calidad, arte, cultura, rescate histórico, actividades alternativas y diversas carreras profesionales que han transformado la existencia de miles de jóvenes que en los muros tutelares del recinto de Sor Juana han adquirido las armas del conocimiento que mucho apreció la singular
monja jerónima.

La UCSJ está por segundo año consecutivo en el padrón de excelencia

EN MÉXICO FUNCIONAN más de mil 500 universidades particulares de las cuales apenas 20 formamos parte del padrón de excelencia de la Secretaría de Educación Pública.
El 0.1 por ciento.

La UCSJ cumple con todas los las metas y requisitos que establece la Secretaría de Educación Pública para que la educación impartida sea de excelencia. La educación pública es la posibilidad que millones de familias tienen para mejorar su vida, se tiene que insistir en esto y sumarse al trabajo que están haciendo académicos, investigadores, rectores de universidades públicas y privadas, secretarios de educación de los estados de la República.

Se tiene que levantar la voz y decir: ¡caray, si no invertimos en educación nuestro país no tiene futuro!

Cuando invitaron a Carmen Beatriz a formar parte de la Universidad, estuvo abocada los primeros años a la dirección general que tenía relación con la parte administrativa y de organización de la
universidad.

En 1998 se retiró el doctor Juan Manuel Silva, primer rector de la UCSJ. Ella tenía varios años trabajando en la universidad y pensó que era un buen momento para tomar las riendas de la rectoría y fortalecer la parte académica con estos cuatro pilares.

Presentó un programa de trabajo a la asamblea de asociados, les gustó y le dieron su apoyo, de manera que tiene diez años como rectora.

La asamblea está integrada por diez asociados, este año desgraciadamente murió una de las asociadas, la maestra Griselda Álvarez Ponce León, una mujer que apoyó muchísimo a la universidad, que con su ejemplo nos inspiró muchas de las acciones, y muchos de los programas de apoyo a las mujeres fueron inspirados en su ejemplo, en sus ideas, gracias a su iniciativa.

Han estado aquí personas como Fernando del Paso, Arturo Pompa y Pompa, Arturo Romano Pacheco, Rafael Tovar y de Teresa y José Pascual Bouchot.

También Dolores Bravo ha formado parte de la asamblea de la universidad.

Aquí colabora un grupo de académicos e intelectuales que han enriquecido con su apoyo, con su trabajo y su ejemplo, con sus muy buenos consejos.

Cristina Renaud, Carmen Lugo y Rafael Maya

viernes, 8 de mayo de 2009

Cloro y mayonesa, de Juan Villoro

Publicado en el diario Reforma el 08 de mayo de 2009 y reproducido aquí sin su permiso, pero a sabiendas de que no se ofenderá por que alguien más lo lea. Vívanlo.

Cloro y mayonesa
Juan Villoro
8 May. 09


Después del terremoto de 1985 salimos a la calle con picos y palas. Hubo héroes que se improvisaron como "hombres topo", entrando a huecos que parecían inaccesibles. Las mujeres prepararon sándwiches y agua de limón para los que tratábamos de imponer un orden en las ruinas. Otros hicieron acopio de víveres y ropa para los damnificados. Los taxis te llevaban gratis y los teléfonos funcionaban sin monedas. Bastaba tener un trozo de tela amarilla en el brazo para calificar como brigadista.

Actuamos de manera improvisada y tal vez repartimos mal nuestros esfuerzos. Lo importante es que hicimos algo y eso nos sirvió de terapia. Un orden superior -el escenario que tantas veces nos parece ajeno, adverso, intransitable- se había roto. El aire olía a gas. Al día siguiente del primer temblor, hubo una réplica, menos agresiva pero más temible, pues ya sabíamos lo que podía pasar. Por la noche, recurrimos a remedios domésticos: nuestros sismógrafos fueron un vaso con agua en el buró y los cubiertos colgados del marco de una puerta. Acaso sólo entonces la ciudad fue de veras nuestra: al fin nos necesitaba con urgencia. Levantar un ladrillo era un forma elemental de ser capitalino. Las grietas de la ciudad mostraron nuestro rostro. No estábamos en la mejor de las condiciones (¡cuánto polvo nos sobraba en el pelo!), no sabíamos si al recoger cascajo salvaríamos a alguien o provocaríamos otro derrumbe, pero una certeza se imponía: éramos la única respuesta.

El trauma del temblor se pudo superar gracias a que logramos sentirnos útiles. En 1985 encontramos la ciudad que se nos había perdido dentro de la ciudad.

La crisis de la influenza ha sido distinta. En este caso la amenaza éramos nosotros. Nada resultaba tan arriesgado como el contacto con el prójimo. La única solidaridad que podíamos mostrar era la de un disciplinado acatamiento de las disposiciones oficiales. La respuesta, en este sentido, fue admirable. Una ciudad que vive para lo que ocurre de a montón, aceptó el calvario del aislamiento.

No faltó algún sobresalto. Es curioso cómo se esparcen los rumores; de pronto, corrió la voz de que WalMart iba a cerrar sus puertas. Nunca sabremos por qué se habló específicamente de esa cadena. Lo cierto es que las compras de pánico permitieron registrar dos obsesiones del consumidor mexicano: la limpieza y el condimento. Los productos más vendidos fueron el cloro y la mayonesa.

Nuestra vida prosiguió en encierro y cámara lenta. En esas condiciones enfrentamos algo tan duro como la epidemia: no poder hacer otra cosa que lavarnos las manos. A diferencia de lo que sucedió en el terremoto, era imposible salir a la calle con una carretilla a recoger trozos de ciudad. Ayudar implicaba estar ausentes, soportar la impotencia y la frustración.

Actuamos como debíamos hacerlo, pero otros quedaron en deuda. "Lo que más me irrita es la falta de solidaridad de la medicina privada", me dijo Ricardo Cayuela Gally, jefe de redacción de Letras Libres. Tiene razón. Durante una semana no hubo un solo gesto de apoyo de los grandes negocios de salud. Los hospitales donde el enfermo es visto como un cliente despersonalizado que debe pagar por el hilo de sutura, la caja de kleenex que no pidió y las largas horas de estacionamiento (que siempre es un "negocio aparte", nunca una cortesía para los que ahí se alojan) podrían haber ofrecido asesoría, consultas o análisis gratuitos. No hablo de poner en riesgo sus ganancias, sino de dar una señal simbólica. Si uno de los grandes hospitales privados hubiera brindado 10 camas solidarias, habría mandado un mensaje de que no todo depende de la usura. Tener seguro médico en Europa significa presentar una tarjeta al ingresar a un hospital y no desembolsar nada. Tener seguro médico privado en México significa pagar una fortuna y luego luchar con el seguro por un reembolso. La crisis se prestaba para mostrar que detrás de tantas facturas hay sangre en las venas.

Muchas empresas tuvieron pérdidas y aguantaron el embate. No es algo fácil. Sin embargo, hubiera sido espléndido que mostraran algo más: preocupación por el país (lo cual, dicho sea de paso, es buena publicidad). En un momento en que la población estaba recluida, los comercios podían hacer cosas menores pero significativas, como regalar cubrebocas. Telmex instaló un servicio de orientación sobre la influenza. También podría haber instalado un locutorio con llamadas gratuitas de larga distancia. Los bancos, tan inventivos en sus comisiones, podían abrir líneas de crédito en solidaridad con los enfermos. El Palacio de Hierro, que nos despierta el sábado a las ocho para decirnos que ese día tiene ofertas, podía donar camas y otros muebles a hospitales públicos. Hablo de gestos que no solucionan el drama pero revelan que a alguien le importa. ¿Existe la solidaridad social de las empresas o su marca registrada es el egoísmo?

Más allá de la epidemia hay algo más preocupante: la realidad.

Érase una vez un país precario donde la gente sobrevivía a base de cloro y mayonesa.

(http://www.reforma.com/editoriales/nacional/498/994198/default.shtm)